Técnicas Curativas

Centro Fénix de Naturopatía tiene el placer de invitarles
a conocer sus técnicas curativas,
probadas y usadas por cientos de miles de personas,
con éxito, en todo el mundo; para el remedio de síntomas como: Depresión, Estrés, Ansiedad.
Dolores musculares y deterioros óseos.
Problemas respiratorios y alergias.
Dependencias y algias





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sábado, julio 27, 2019

El Milagro de la Vida

Bienvenido. Y felicidades. Estoy encantado de que pudieses conseguirlo. Llegar hasta aquí no fue fácil. Lo sé. Y hasta sospecho que fue algo más difícil de lo que tú crees. En primer lugar, para que estés ahora aquí, tuvieron que agruparse de algún modo, de una forma compleja y extrañamente servicial, trillones de átomos errantes. Es una disposición tan especializada y tan particular que nunca se ha intentado antes y que sólo existirá esta vez. Durante los próximos muchos años —tenemos esa esperanza—, estas pequeñas partículas participarán sin queja en todos los miles de millones de habilidosas tareas cooperativas necesarias para mantenerte intacto y permitir que experimentes ese estado tan agradable, pero tan a menudo infravalorado, que se llama existencia.


Por qué se tomaron esta molestia los átomos es todo un enigma. Ser tú no es una experiencia gratificante a nivel atómico. Pese a toda su devota atención, tus átomos no se preocupan en realidad por ti, de hecho ni siquiera saben que estás ahí. Ni siquiera saben que ellos están ahí. Son, después de todo, partículas ciegas, que además no están vivas. (Resulta un tanto fascinante pensar que si tú mismo te fueses deshaciendo con unas pinzas, átomo a átomo, lo que producirías sería un montón de fino polvo atómico, nada del cual habría estado nunca vivo pero todo él habría sido en otro tiempo tú.) Sin embargo, por la razón que sea, durante el periodo de tu existencia, tus átomos responderán a un único impulso riguroso: que tú sigas siendo tú.

La mala noticia es que los átomos son inconstantes y su tiempo de devota dedicación es fugaz, muy fugaz. Incluso una vida humana larga sólo suma unas 650.000 horas y, cuando se avista ese modesto límite, o en algún otro punto próximo, por razones desconocidas, tus átomos te dan por terminado. Entonces se dispersan silenciosamente y se van a ser otras cosas. Y se acabó todo para ti. De todos modos, debes alegrarte de que suceda. Hablando en términos generales, no es así en el universo, por lo que sabemos. Se trata de algo decididamente raro porque, los átomos que tan generosa y amablemente se agrupan para formar cosas vivas en la Tierra, son exactamente los mismos átomos que se niegan a hacerlo en otras partes. Pese a lo que pueda pasar en otras esferas, en el mundo de la química la vida es fantásticamente prosaica: carbono, hidrógeno, oxígeno y nitrógeno, un poco de calcio, una pizca de azufre, un leve espolvoreo de otros elementos muy corrientes (nada que no pudieses encontrar en cualquier farmacia normal), y eso es todo lo que hace falta. Lo único especial de los átomos que te componen es que te componen. Ése es, por supuesto, el milagro de la vida.

Para que estés vivo aquí y ahora, en el siglo XXI, y seas tan listo como para saberlo, tuviste también que ser beneficiario de una secuencia excepcional de buena suerte biológica. La supervivencia en la Tierra es un asunto de asombrosa complejidad.
Constituye un curioso rasgo de nuestra existencia que procedamos de un planeta al que se le da muy bien fomentar la vida, pero al que se le da aún mejor extinguirla.
Una especie media sólo dura en la Tierra unos cuatro millones de años, por lo que, si quieres seguir andando por ahí miles de millones de años, tienes que ser tan inconstante como los átomos que te componen. Debes estar dispuesto a cambiarlo todo (forma, tamaño, color, especie, filiación, todo) y a hacerlo reiteradamente. Esto es mucho más fácil de decir que de hacer, porque el proceso de cambio es al azar.

No sólo has sido tan afortunado como para estar vinculado desde tiempo inmemorial a una línea evolutiva selecta, sino que has sido también muy afortunado —digamos que milagrosamente— en cuanto a tus ancestros personales. Considera que, durante 3.800 millones de años, un periodo de tiempo que nos lleva más allá del nacimiento de las montañas, los ríos y los mares de la Tierra, cada uno de tus antepasados por ambas ramas ha sido lo suficientemente atractivo para hallar una pareja, ha estado lo suficientemente sano para reproducirse y le han bendecido el destino y las circunstancias lo suficiente como para vivir el tiempo necesario para hacerlo.

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martes, abril 23, 2019

Jefes y Gobernantes

Mi Pueblo reconocía lo que era un Jefe. La gente lo seguía porque era magnífico. Él nunca ganó unas elecciones ni fue nombrado por ningún gobierno. No es así como llegas a ser Jefe. Era un honor que te ganabas. Y lo ganabas porque durante años habías buscado el Silencio y el Espíritu.

Hay Jefes y hay gobernantes. En el Pueblo Tierra estábamos acostumbrados a los Jefes. Cuando dirigían bien, nos quedábamos con ellos. Dirigir era para nosotros no alejarse del Corazón, y seguir los dictados de la Naturaleza.

El sistema de las civilizaciones modernas convierte a las personas en gobernantes por ley, aún cuando no sean líderes. ¿Cómo puede un calendario decirnos cuánto tiempo es Jefe una persona? Eso es absurdo. Un Jefe es un líder mientras la gente crea en él, y mientras sea la mejor persona para guiarnos.

Un líder es quién ha conquistado el Silencio Espiritual. Y la gente al ver que tus actos son movidos por el Amor al Espíritu, te sigue. Tú sólo puedes ser Jefe mientras la gente te siga.

En el pasado, cuando necesitábamos un curandero que nos guiara, él se convertía en nuestro líder. O quizás necesitábamos un pensador profundo. El guerrero sabía cuándo terminaba su tiempo, y no pretendía ser nuestro líder más allá del tiempo que fuera necesitado. Se sentía orgulloso de servir a su gente, y sabía cuándo era el momento de hacerse a un lado. Él no podía hacerse líder excepto guiando a la gente de la manera como la gente quería ser guiada. La manera del Corazón. Por eso sabíamos ver el que era un líder. La gente lo necesitaba, y la gente lo seguía. Era inteligente. Y entendía lo que el hombre moderno tramaba.

La gente vio que él no podía ser engañado por los hombres que no soportaban reconocer sus verdades, así que lo seguían. Por eso, los que hoy dominan las civilizaciones modernas odian y detestan tanto a los ancestros más sabios. Porque Ellos eran verdaderos líderes y la gente los escuchaban, y Ellos no escuchaban a lo que el mundo de hoy les llaman gobernantes.

Él líder siempre escuchaba las necesidades del Pueblo.

Un Jefe es aquél que piensa en su Pueblo antes que en él. Es preocuparse de la gente y ver que no le falte nada. Es el que toma decisiones con la Mente en su Pueblo, su Cuerpo en contacto con la Tierra y su Corazón en el Cielo.

Nosotros teníamos líderes, no gobernantes. El Jefe era el que buscaba el abrazo de las praderas, porque sabía que abrazar la Tierra era abrazar a su Pueblo.

Lakota

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lunes, febrero 25, 2019

La Leyenda del Atrapasueños

Hace mucho tiempo cuando el mundo era joven, un viejo líder espiritual Lakota estaba en una montaña alta y tuvo una visión. En esta visión Iktomi, el gran maestro bromista de la sabiduría apareció en la forma de una araña. Iktomi le habló en un lenguaje sagrado, que solo los líderes espirituales de los Lakotas podían entender.

Mientras le hablaba Iktomi, la araña tomó un aro de sauce, del de mayor edad, también tenía plumas, pelo de caballo, cuentas y ofrendas y empezó a tejer una telaraña.
Le habla al anciano acerca de los círculos de la vida, de cómo empezamos la vida como bebés y crecemos a la niñez y después a la edad adulta, finalmente nosotros vamos a la ancianidad, donde debemos ser cuidadosos como cuando éramos niños completando el circulo.

También Iktomi le dijo mientras continuaba tejiendo su red, que en cada tiempo de la vida hay muchas fuerzas, algunas buenas y otras malas, si te encuentras con las buenas fuerzas, ellas te guiaran en la dirección correcta. Pero si tú escuchas a las fuerzas malas, ellas te lastimarán y te guiarán en la dirección equivocada.

Él continuó, ahí hay muchas fuerzas y diferentes direcciones y pueden ayudar a interferir con la armonía de la naturaleza. También con el gran espíritu y sus maravillosas enseñanzas.
Mientras la araña hablaba, continuaba entretejiendo su telaraña, empezando de afuera y trabajando hacia el centro.

Cuando Iktomi terminó de hablar, le dio al anciano Lakota, la red y le dijo: observa la telaraña, es un círculo perfecto pero en el centro hay un agujero, usa la telaraña para ayudarte a ti mismo y a tu gente, para alcanzar tus metas y hacer buen uso de las ideas de la gente, sueños y visiones.
Si crees en el gran espíritu, la telaraña atrapará tus buenas ideas y las malas se irán por el agujero.

El anciano Lakota, le contó la visión a su gente, y ahora los indios Sioux usan el atrapasueños como la red de su vida. Éste se cuelga arriba de sus camas, en su casa para escudriñar sus sueños y visiones.
Lo bueno de sus sueños es capturado en la telaraña de vida y enviado con ellos, lo malo de sus sueños escapa a través del agujero en el centro de la red y no será más parte de ellos.

Ellos creen que el atrapasueños sostiene el destino de su futuro.

Cántaro de Agua

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domingo, enero 20, 2019

La Inutilidad de la Certeza

Hoy goza de amplia difusión el concepto de que algo pueda estar «científicamente probado». Se trata poco menos que de un oxímoron. El fundamento mismo de la ciencia estriba en dejar la puerta abierta a la duda. Es precisamente el hecho de que sigamos cuestionándolo todo, y muy particularmente nuestras propias premisas, lo que nos mantiene permanentemente dispuestos a introducir mejoras en nuestros conocimientos. La certidumbre no es solo algo inútil, sino también un elemento que, en realidad, resulta dañino —si de verdad valoramos la fiabilidad.

La incapacidad de apreciar el valor de la incertidumbre se halla en el origen de buena parte de nuestra vaciedad social. ¿Tenemos acaso la seguridad de que la Tierra vaya a seguir inmersa en un proceso de calentamiento paulatino si no hacemos nada? ¿Estamos seguros de que son correctos los detalles de la teoría de la evolución actualmente vigente? ¿Podemos afirmar sin lugar a dudas que la medicina moderna es siempre una mejor estrategia que los métodos de curación tradicionales? En todos estos casos la respuesta es negativa. Ahora bien, si tomando como base esa falta de certeza nos plantamos de un salto en la convicción de que lo mejor es no preocuparse del calentamiento global, de que en realidad no existe una evolución, de que el mundo fue creado hace seis mil años, o de que los remedios tradicionales han de ser invariablemente más eficaces que los métodos de la medicina moderna, entonces estaremos comportándonos simplemente de un modo estúpido. Con todo, son muchas las personas que establecen esas inferencias, dado que la ausencia de certidumbre se percibe como un signo de debilidad en lugar de considerarse como lo que es: la fuente primera y más importante de nuestro conocimiento.

Todo saber, incluso el más sólidamente fundamentado, deja un margen a la incertidumbre. El propio conocimiento se revela de naturaleza probabilística —idea que vienen a resaltar algunas de las corrientes del pragmatismo filosófico—. Si lográsemos una mejor comprensión del significado de la noción de «probabilidad» —y, sobre todo, si entendiéramos más adecuadamente que no tenemos necesidad de hechos «científicamente probados» (y que jamás los hemos poseído), sino que nos basta con disponer de lo que disponemos, esto es, de un grado de probabilidad lo suficientemente elevado como para permitirnos el lujo de tomar decisiones— conseguiríamos mejorar las herramientas conceptuales de la gente en general.
Carlo Rovelli
Físico del Centro de Física Teórica de Marsella

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jueves, diciembre 13, 2018

Hongos Psilocybe

Un Poquito de Historia...

El uso de hongos psilocybe, cuya presencia está extendida por todo el planeta, está bien establecida en la América donde llegaron los españoles, existiendo pruebas de su uso desde al menos un milenio y medio antes, aunque se presume que sus primeros usos fueron en el mesolítico por su reproducción en ciertas pinturas y eso los situaría en decenas de miles de años antes de la era cristiana.


Su uso fue reprimido por la iglesia católica en América, perviviendo oculto hasta que en 1955 el etnomicólogo y banquero Robert Gordon Wasson consiguió asistir a una “velada” celebrada por la chamana María Sabina, en la Sierra Mazateca en México. De aquella experiencia surgió un artículo, publicado en la revista “Life” en 1957 titulado “En busca de los Hongos Mágicos” que hizo que una generación de jóvenes emprendiera en los años 60 el turismo a esos lugares buscando la experiencia con esos hongos.

También, de aquel encuentro salieron esporas que un micólogo francés consiguió reproducir en su laboratorio en Europa, y que enviadas las muestras a Albert Hofmann -padre del LSD- sirvieron para determinar los compuestos activos ─gracias a la predisposición del químico a experimentar él mismo con fracciones de dichos hongos─ como psilocina y su ester fosforilados psilocibina.

En los años siguientes, Albert Hofmann realizó una visita a la chamana mazateca y le llevó consigo el compuesto que él identificó como responsable del efecto, realizando todos una “velada” con píldoras, que si bien en principio la curandera dijo que no hacían efecto, al subir la dosis de las mismas comprobó que “la medicina prácticamente tenía el mismo efecto que los hongos”.

Es la primera ocasión conocida de la historia en que un descubrimiento que surge del conocimiento etnofarmacológico de los pueblos indígenas llegaba al conocimiento occidental y volvía, en forma de píldoras con el compuesto sintetizado a quien facilitó el conocimiento. María Sabina dijo que guardaría las píldoras, de “Indocibina” del Laboratorio Sandoz, que Hofmann le regaló para cuando los hongos no estuvieran disponibles ─de forma natural─ para ayudar a la gente con su medicina.
Actualmente estos compuestos son objeto de estudio para males como las migrañas o la depresión resistente, así como para otros usos de reducción de la ansiedad y facilitación del proceso en personas que se encuentran en un proceso terminal.

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